07 diciembre 2012

DÉJAME QUE TE CUENTE.......


Del álbum "AROMAS"
Me parece, que fue ayer, que estuve sentado en el living de la  casa de “Luchita”, mi abuela, escuchando las notas musicales que brotaban de la “Radiola TELEFUNKEN”. Aquél living solía poblarse  de miles de melodías de los autores más variado, en un recorrido que incluía los valsecitos de Carmencita Lara, Chabuca Granda, Lucha Reyes, Los Embajadores Criollos y hasta los más jóvenes Edith Bar y  Manuel Donayre, entre otros.

La primera cuadra del jirón Cervantes  (Altura 2ª cuadra de la Av. Brasil, Cercado de Lima) no es un barrio bohemio que digamos (como Barranco), sin embargo, la “Música Criolla”  era como el pan de cada día.


En ese mismo living, recuerdo que aprendí a dar mis primeros pasos con los valsecitos peruanos con la ayuda de una profesora de lujo: Mi abuela.
De esa misma “Radiola TELEFUNKEN”, que ocupaba casi toda la extensión de una de las paredes del living, también solían salir las melodías de Libertad Lamarque y de Carlos Gardel.

           Eran en las reuniones familiares donde la “Radiola TELEFUNKEN” trabajaba con más ahínco, regalando valsecitos, boleros, tangos y alguna que otra música negra (afro peruana). Las señoritas bailaban al compás de la “Flor de la Canela”, “olvídala amigo”, “El Parisien”, “Madreselva” o “El día que me quieras” con una cadencia sutil, graciosa y exquisita que derretían a los más jovenzuelos. Por suerte para ellos (los jovenzuelos), los padres ya no eran tan “Guachimanes” (vigilantes), de modo tal que de tanto en tanto se producían escarceos amorosos.

Radiola IMPERIAL = TELEFUNKEN
         Los que éramos más pequeños, no estábamos autorizados para estar presentes hasta muy altas horas de la noche. Las diez, era la hora límite. Luego, a dormir.
Eso sí, antes de desalojarnos de la fiesta debíamos hacer de “Mozos”, llevando los platos, llevando los vasos, las bandejas con licores de los más variados.

        Por lo general las “reuniones” comenzaban con “El Ponche” (de arroz) y terminaban cuando se servían las copitas de pisco. Lo particular de aquellas reuniones (eso lo descubrí cuando comencé a conocer otros lugares, otros barrios y otras familias) se producía cuando servíamos los licores. No era costumbre tomar la cerveza del “Pico” y menos hacer circular el vaso o la botella, como era (y es) habitual en otros lugares, otros barrios y otras familias.

        “Luchita”,  tenía vasos de todas las formas y tamaños. El de cerveza, por ejemplo, era pesado y tenía pequeñas incrustaciones como si fueran cabezas clavas (Cultura Chavín). Se colocaban en una bandeja la cantidad suficiente para el número de invitados. Se servía hasta una marca determinada. Bandeja en mano, los más jóvenes circulábamos por entre los visitantes, quienes tomaban sus vasos correspondientes. Minutos después volvíamos a circular y todos volvían a colocar sus vasos en la bandeja. Era muy raro que alguno en dicha reunión pidiera una segunda ronda. Cuando se marchaban los visitantes, nosotros (los más pequeños) ya estábamos durmiendo.

Invitación Embajada del Perú
Cuando llego al correo de la Revista “CASA DEL PERÚ” la invitación de la EMBAJADA DEL PERÚ EN LA ARGENTINA para asistir al homenaje de la “Canción Criolla”, mi alma se inundó se emociones, que si no lo hubiera contado rápidamente, es posible, que al día siguiente los diarios de Buenos Aires hubieran titulado sus Tapas: “Peruano falleció anoche, ahogado en su mar de emociones”. Quizás.
Quizás sólo hubiera pasado desapercibido como aquella canción de amor que dice: “…Hoy amor, como siempre, el diario no hablaba de ti, ni de mí. Hoy amor, igual que ayer, como siempre el diario no hablaba de ti, ni de mí…” (Eclipse de Mar – Joaquín Sabina”.

Los mensajes cifrados viajaron de un lado a otro. Todos prometieron estar presentes en el lugar y a la hora señalada. Yo, traté de tomarlo con calma, aún a riesgo de que el sístole se me desbocará. Por suerte, el diástole se mantuvo en sus cabales. Llegamos temprano al lugar del encuentro. Nos hicieron esperar algunos minutos en la puerta de entrada de Radio Nacional. Cuando finalmente ingresamos, nos ubicamos en los lugares adecuados para no perdernos de nada.

       El auditorio de Radio Nacional en la calle Maipú 555, es un lugar pequeño, pero acogedor. Tenía las luces (adecuadas) encendidas para la ocasión.
Luego de las palabras del Embajador del Perú, José Luis Néstor Pérez Sánchez-Cerro, dio comienzo la celebración.

        Pronto se iba develar la incógnita de quienes eran Sandra Peralta (peruana) y Lucrecia Longarini (argentina). De entrada se largaron con “La Flor de la Canela” de la entrañable Chabuca Granda. Las voces de las jóvenes cantantes poco a poco fueron inundando el concurrido salón, llenando de recuerdos, nostalgias y querencias. En el tiempo que duró la canción nadie articuló palabra, no querían perderse ninguna de las melodías que navegaban por el salón, viajando de derecha a izquierda, de arriba a abajo. Ni siquiera se atrevieron a tararear, hubiera sido un sacrilegio. Cuando finalmente se escuchó la última silaba, un estruendoso aplauso copó el auditorio.
Luego le toco el turno a “José Antonio”. Los asistentes, más relajados (al igual que las cantantes) se atrevieron a mover los pies y las cabezas al compás de la canción.

        Debo reconocer que ha pasado mucho tiempo (Quizás ocho o quizás diez años. Ya perdí la cuenta) desde la última vez que escuché una voz peruana interpretando música criolla de la manera correcta, con los sonidos perfectamente articulados y los tonos bien ubicados.
Sandra Peralta ha logrado que cada melodía haya sido grata a mis oídos. Ha logrado transmitirme sus sensaciones y sentimientos, al punto tal que por algunos segundos, mis ojos estuvieron a punto de traicionarme queriendo dejar rodar alguna que otra lagrimilla por mis mejillas.

         Por esas cuestiones del destino, no he sido músico o cantante, pese que en mi familia, los hay de ambos. Sin embargo, ese mismo destino me ha otorgado la ventura de poseer un buen “Oído Musical”. No sé, si eso es bueno o malo. Lo que sí es cierto, es que en algunas ocasiones me he llevado un “Gran Chasco”: Cantantes y músicos, anunciados con bombos y platillos (trompetas incluidas), en el momento de la “Cuestión”, ¡Zas! ¡Tremendo “Chasco”!. Al final del “suplicio”, sólo lograba una cosa: Lastimar mis oídos. Como si mil uñas rasgarán una plancha de metal.

         Este 23 de noviembre en al auditorio de Radio Nacional, nada de eso sucedió, pese a que (debo confesar) fui con el prejuicio de encontrarme con una cantante de “Todo por dos pesos” o dicho de otro modo, con una cantante de “medio pelo”. Supongo que ese prejuicio surgió como producto de mi observación de la realidad social de la Colectividad Peruana en Buenos Aires, donde en general muchos están cómodos (incluso se esfuerzan para estar ahí, por intereses económicos o políticos) o tienden al “medio pelo o el todo por dos pesos” y no a la excelencia, como debería ser. Como ejemplo podría anotar a los “Lidercillos de pacotilla” que pululan en la colectividad peruana en Buenos Aires que se arrogan un liderazgo y representatividad que no poseen, por una simple razón: Son Mediocres.

         Por suerte (no debería ser así) para mis oídos y para el Perú, SANDRA PERALTA es una cantante de EXCELENCIA. ¡Enhorabuena!
Su Carta de presentación la representa muy bien: “Nacida en Piura, una provincia costera ubicada al norte del Perú. Cantora de alma y oficio se lanza a la composición como jugando produciendo así “Aromas”, su último trabajo discográfico. A los 11 años se traslada, junto a su familia, a Buenos Aires, Argentina, lugar donde se forma artística y musicalmente al lado de grandes maestros. Con su trabajo ha recorrido distintos escenarios de Brasil, Argentina, México y Perú compartiendo la música con artistas como Tatiana Parra, Zezé Motta, Lucho González, Víctor Heredia, Diego Schissi, Patricia Saravia, Georgina Hassan, entre otros”

        Al parecer, lo que para muchos es el acabose del mundo (conforme la interpretación de muchos respecto de los textos Mayas), para nosotros los peruanos, herederos y descendientes de los  Chimú, los Mochica, los Nazca, los Paracas, los Tiahuanacos, los Chankas, los Chancay, los Incas, los Árabes, los Europeos, los Asiáticos, los Africanos y hasta los polinesios, todo es una cuestión de un cambio, de una paradoja a un paradigma.
Siguiendo ese orden de ideas, puedo decir que Sandra Peralta es el nuevo paradigma de la “Música Criolla del Perú”. ¡Y que paradigma!

Aquella noche disfrutamos no sólo de su voz, sino también de su portentosa figura en el escenario, con el garbo, la dulzura, la elegancia y el salero que hacen a la mujer costeña peruana.

Aquél 23 de Noviembre de 2012
        Sandra Peralta, no estuvo sola. Estuvo acompañada por su amiga Lucrecia Longarini. Una voz deliciosa.
Su carta de presentación decía: “Nacida en Dudignac, Pcia. de Buenos Aires, Argentina. Desde muy pequeña comenzó su amor por la música, el canto y danza. Se ha formado con grandes maestros. Eligiendo como forma de expresión artística el canto popular argentino y latinoamericano. Su primer trabajo discográfico "A orillas del sol" realiza un recorrido por diferentes géneros del folklore. Ha compartido escenarios con músicos como Luis Salinas, Magdalena León, Juan Falú, Chaqueño Palavecino, entre otros. Se ha presentado en distintos escenarios, festivales argentinos y latinoamericanos recientemente llegada de su gira por Ecuador”
A cada una de las canciones que interpretó, le puso la fuerza necesaria, con un ritmo  y una delicadeza que me hizo recordar a la entrañable Edith Bar. Si tuviera que encontrar una imperfección en toda su perfección, diría que, de  vez en cuando, debe dejar que su cintura se vaya a donde quiera.

         Sandra peralta, no estuvo sola. Estuvo acompañada por Leandro Caccione en la guitarra, quien dió las notas justas, pero (perdonen si soy demasiado quisquilloso), al principio no me gustó del todo. Si dijera “no desentonó”, sería injusto con un profesional, así que diré “Tiene otro Estilo” al que posiblemente deberé acostumbrar mis oídos. Va a costar.
¿Cómo hacer que mis oídos olviden los sonidos de las guitarras de Lucho Garland o de Óscar Avilés? Va a costar.

        Sandra peralta, no estuvo sola. Estuvo acompañada por Carolina Cohen en percusión, sacándole el “lustre” al Cajón peruano.
Definitivamente le voy a robar la definición que diera aquella noche el Ingeniero Pablo Preciado: ¡MANOS MÁGICAS!
Yo no sé, si Carolina Cohen tienen raíces africanas (no sólo por los boucles), pero aquella noche, cada golpeteo de sus dedos sobre el lustre de la madera era una danza potente que atravesaba las arterias de cada uno de los asistentes, al punto tal (eso imagino Yo) que el diástole y el sístole se pusieron a bailar al compás de sus dedos.

Cocharcas - José Leal
El homenaje a la “Canción Criolla del Perú”, organizada por la Embajada del Perú en Argentina, se transmitió en vivo por Radio Nacional. Según mi reloj, duró una hora. Sin embargo, mi corazón cree que fue más corto que un suspiro. Pese a ello, en esa hora, tuve el tiempo necesario para viajar a la Lima de mi infancia. A esos largos recorridos camino al barrio La Victoria para visitar a la “Negra Antezana” (una de las tantas tías abuelas, distintas unas de otras: Cholas, chinas, blancas, negras) en el viejo y humeante “Cocharcas – José Leal”. A esas “pichanguitas” (papi fútbol) en el Campo de Marte, a esos largos paseos por el Jirón de la Unión con los entrañables amigos.
Cuando ya éramos más grandecitos, pero que los bigotes aún se peleaban por aparecer, solíamos meternos, más por curiosidad, a los bares para escuchar en las “Rockolas” algún que otro tema de Chabuca Granda, de Lucha Reyes o de los Embajadores Criollos. Cuando alguno de los dueños del local se percataban que éramos menores de edad, nos sacaban, casi de las orejas.
Definitivamente, Sandra Peralta aún tiene mucho camino por recorrer. ¡Que algarabía!, para aquellos que podremos disfrutarla.

Parafraseando a Lucha Reyes, sólo podría decir (no me atrevo a Tararear): ¡Tu voz, tu voz,  Tu voz existe.  Tu voz,  Tu dulce voz,  Tu voz persiste!..

Por Miguel Ángel Villegas G.

No estamos tan mal, pero, podríamos estar mejor... sí quisiéramos 
(Proverbio propio)
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