¿EL CABALLO LOCO ES UN ÁNGEL O UN DEMONIO?

Durante las últimas semanas se viene hablando de Alan García hasta el cansancio. Unos lo defienden de mil maneras, muchas equivocadas, pero lo defienden al fin. Los que lo “atacan” (por así decirlo) en realidad cuentan lo que realmente ha hecho el ex presidente durante sus dos gobiernos, uno peor que el otro. Indudablemente los Latinoamericanos estamos acostumbrados a elegir gobernantes mediocres. 
No voy a ponerme a contar sobre su primer gobierno porque es harto conocido, tampoco de su segundo gobierno porque lo pueden conseguir en internet. Hoy el dios Google lo brinda casi todo.

Hace unos días atrás me encontré con un pequeño afiche en uno de los tantos grupos que pululan en la red donde habían escrito “Soy militante aprista con orgullo y la fuerza de choque, soy Yo”. Cuando leí, lo primero que me vino a la mente fue Armando Villanueva del Campo “El búfalo”, como lo conocieron en aquella época. Un hombre violento, torpe e ignorante. Logró ubicarse dentro del partido por que había estado al lado de Víctor Raúl Haya de la Torre como una especie de Guarda espalda. Si vemos a la generación que estuvo con “El búfalo” nos encontraremos con los líderes más mediocres, ahí tenemos al “Burro” Castillo y por supuesto “El Caballo Loco” Alan García. 

Atrás quedaron los grandes hombres Apristas, Antenor Orrego, el propio Víctor Raúl Haya de la Torre, Luis Alberto Sánchez, entre otros. A este último he tenido la suerte de escucharlo personalmente en la Casa del Pueblo, cuando acompañaba a mi abuela que fue una de las primeras apristas y amiga personal de Víctor Raúl. Yo era un adolescente de unos 10 a 12 años. Esas eran verdaderas tertulias. Se llenaba La Casa del pueblo.

Lastimosamente esa ideología de progreso intelectual se murió con sus creadores y prevaleció la estupidez y la imbecilidad del “Búfalo” Villanueva del Campo. 

En cuanto al suicidio del ex presidente Alan García Pérez, no hay mucho para explicar, la cuestión es simple: Acorralado por la Justicia, tomó la decisión más facilista para evitar la vergüenza de estar preso en una celda como cualquier delincuente. Hasta en eso fue astuto. No le dió la dicha a sus contrincantes políticos de verlo detrás de unas rejas, como Ollanta Humala, Keiko Fujimori o el propio Alberto Fujimori. 

Ya Uruguay le había dicho “Señor García usted No es un perseguido político. A usted lo está investigando la justicia de su país”. Le denegaron el Asilo político. 

“Caballo Loco” sabía perfectamente que el laberinto ya había caído, no había donde esconderse. La justicia actuó. Sabemos que la Justicia en el Perú no es tan perfecta como quisiéramos, pero, cuando miro a Latinoamérica me doy cuenta que es lo mejorcito que hay. Me llena de orgullo. ¿Debe mejorar?, por supuesto. Estamos dando los primero pasos. 

Cuando miro por ejemplo a la Argentina, me encuentro que un ex presidente que vendió armas a Ecuador salió sin culpa ni mancha, hay un fiscal de la Nación muerto y aún no pasa nada y tampoco va a pasar algo. Una ex presidenta que se escuda en los fueros. Está en pininos la justicia. 

Miro al Perú y veo que Hay un Ex presidente preso por lesa humanidad, uno fue preso por corrupción (Ollanta Humala), otro no quiere salir de EEUU  (Toledo) porque lo atrapan y va preso. Una candidata (keiko) está siendo juzgada y esta presa para evitar que se fugue como su padre.  Otro ex presidente detenido en un hospital (PPK) y el siguiente era Alan García. Sin contar los de cargos menores, como el juez que se fugó a España donde también le dijeron “Señor, a usted no lo persiguen por su ideas. La justicia de su país lo está requiriendo por casos de corrupción” y se tuvo que volver de  España diciendo “me fui de vacaciones a Europa”.
Siempre nos quejamos de la Justicia y ahora que está actuando ¿también nos vamos a quejar? Trabajemos para mejorarla. 
Cuando escucho que la justicia es culpable del suicidio de Alan García, pienso en la siguiente escena: Un delincuente se mete a un negocio con arma en mano y roba a los clientes y al negocio. Un vecino se percata que están asaltando al negocio del barrio y llama a la policía. Llega justo cuando intentaba huir el delincuente. No puede. Regresa al interior y toma de rehenes al dueño del negocio y a los clientes. La policía negocia. Pasa el tiempo y finalmente deciden ingresar a rescatar a los rehenes. El delincuente se percata de la situación, viéndose perdido y sabiendo que se irá muchos años a la cárcel por ser reincidente, decide suicidarse. Muere. 

¿Quién tiene la culpa? ¿La policía, que está haciendo su trabajo? ¿La justicia por que habilita a la policía para rescatar a los rehenes? Esta misma situación se da con Alan García Pérez. Se sabía perdido, que estaría preso para que no se fugue mientras siga el proceso. Hoy, la justicia debe seguir investigando, su muerte no debe ser impedimento para la investigación de los casos de corrupción. 

© Miguel Ángel Villegas