10 agosto 2018

EL MUNDO ES ANCHO ¿SERÁ AJENO?

Siempre que camino por los senderos del mundo, voy con los ojos bien abiertos para descubrir esas cosas que a veces pasan desapercibidas o en su defecto son silenciadas. Los amigos contribuyen a que me mantenga alerta. Me dan ideas. Me tiran algún hilo conductor. En ocasiones lo hacen indirectamente. ¿Cómo? Me entregan algún artículo y me preguntan ¿Doctor, qué le parece a usted este texto?
Si usted estimado lector quiere encontrar un culpable de lo que escribo, ya sabe quiénes son los responsables. Denúncielos. En otras, simplemente me regalan algún libro. Este miércoles pasado, el matemático Rosendo Guerrero, me regalo el libro “El mundo es ancho y ajeno” del peruano Ciro Alegría. No sé con qué intencionalidad lo hizo. Las ideas que fluyeron en mi cabeza fue una ebullición que ya parecía la erupción del volcán Krakatoa. 

Entonces pensé, el mundo es ancho para los que tienen mentes abiertas, pero es un cuello de botella para los que viven encerrados en sus miserias y sus mediocridades. ¿Será ajeno? Quizás. Es ajeno sobre todo para los corruptos, a ellos les encanta lo ajeno. Disfrutan de lo ajeno. Son dioses del Olimpo. 
Miremos por un segundo al Perú y podremos comprobar que la corrupción está en apogeo. Todos se quejan de la corrupción, pero no hacen nada, se quedan sentados en sus sillones, mirando la novela de la tarde o el partido de fútbol del momento. ¿Qué falta? Muy simple, conciencia ciudadana. 

Hay algunos que creen que hacen algo, pero si lo miramos bien, no hacen nada. Puedo poner de ejemplo a aquellos que piden a gritos una “Nueva Constitución en el Perú”. Estos personajes creen que sacando más leyes se va a solucionar, que eso va a ser la panacea. A veces pienso que Dios o el ser superior en el que crean debería quitarles el don del habla, por qué, tenerlo para “decir huevadas” no tiene sentido. También pienso que, lo que escupen por sus bocas no lo hicieron pasar por el tamiz de sus neocortex’s (sus cerebros). 
Cada vez que escucho decir “Queremos una Nueva Constitución” me surgen miles de preguntas. ¿Cuál es el costo económico para escribir ese nuevo librito? ¿Cuántas personas serán necesarias para elaborarlo? No creo que los que se sientan a pensarlo, elaborarlo, escribirlo y publicarlo, lo van a hacer por amor a la patria, como Jorge Chávez, Francisco Bolognesi, Miguel Grau, José Olaya, Daniel Alcides Carrión, entre otros. Suponiendo que no salga tan “Caro”, que nos hagan una súper oferta. ¿Quiénes los van a integrar? A los que están acusados de corrupción ¿No se les va a permitir ser participes de la creación de esa nueva Constitución? ¿Se mantendrán al margen?, es decir ¿Alan García; Toledo, Ollanta, por nombrar algunos, van a hacer mea culpa y se van a excluir en forma voluntaria?

Suponiendo que esos susodichos se excluyan voluntariamente, ¿Cuál será el mecanismo o el protocolo para verificar que los creadores de La Nueva Constitución sean personas intachables? ¿Le pediremos a Dios que nos envié al “Ángel de la muerte” para que extermine a los corruptos que quieran colarse? No lo sé, pero es una buena opción.

El mundo es ancho y bien ajeno. Ya no podemos ser dueños de nada. Si pretendes serlo, te lo expropian, a veces por nuestra propia negligencia, otras veces con violencia. Nos han dividido tanto que nos hemos vuelto individualistas. El individualismo no es malo porque sirve para el crecimiento personal, la autoestima, el ego, para ganar nuestras propias batallas. Sin embargo respecto de la sociedad, somos seres sociales. Compartimos y construimos mejor en conjunto o en comunidad. 

Ayer miércoles fue un día gratificante. Me reencontré con viejos amigos, no porque sean viejos de edad, sino del tiempo que nos conocemos.  Quizás muchas ideas no compartamos. Eso no es óbice para entendernos y discutir y charlar cosas que sirvan para construir.

En el exterior el que representa al Estado Peruano respecto de los ciudadanos es el Cónsul General del Perú, según la circunscripción. Vivo más de veinte años en la Argentina y de participación en una Institución desde el 2011. Quizás no sea mucho. En ese tiempo he visto el abandono de parte de los Cónsules hacia el ciudadano peruano en la argentina. No es que no trabaje y se esté “rascando”. Eso no es suficiente. Le pagan para hacer algo más de lo que hacen habitualmente. Ojo, no le estoy pidiendo que trabajen por fuera de sus funciones. Por lo general siempre han trabajado con un pequeño grupito que son sus ayayeros, chupamedias o simplemente son esos que suelen agachar la cabeza ante “La Autoridad” (el encomillado es apropósito). Y esto se da en todos los estamentos. Podría entender que una persona con poco estudio, quizás agache la cabeza, por que él otro lo va a correr con su conocimiento. Sin embargo en mi experiencia personal he visto que no es una cuestión de conocimiento, ni de poder económico, sino que (quizás) están acostumbrados a ser chupamedias. ¿Estará en sus genes?

Me queda como anécdota un hecho en particular. Me habían invitado a una cena en un restaurant peruano de la zona del Abasto. Bah, el Dr. Rojas me arrastró. Soy como su “Joven Padawan” y me pide que lo acompañe a distintos lugares. Siempre lo disfruto. Extraño al Dr. Augusto Flores, con quien el Dr. Rojas hacían una dupla inconmensurable. “Tú tienes que tomar la batuta”, me exigía el Dr. Augusto. Al principio apechugaba, después me dí cuenta que (creo) tengo cualidades de Líder y comencé a tomar sus palabras.
Llegamos al restaurant, nos presentamos. Algunos conocidos, otros no. Todos eran profesionales y algunos empresarios. La charla fue fructífera. Avanzó la cena y la charla. Cerca de las 22:30 llegó el actual Cónsul con un séquito (Un cantante de rock, un empresario y un par de “amigashos”). Lo saludamos. Lo saludé como corresponde saludar a cualquier persona. Observé que algunos, si hubiera habido una luz muy tenue en el salón se habrían tirado al piso para servirle de alfombra al funcionario público. 

Se sentó a comer en la mesa. “¡Qué bueno, podremos charlar un rato y podremos preguntarle algunas cosas!”, pensé. Nada de eso sucedió. Todos querían la mirada del Cónsul y como pavos reales movían sus plumas. Eso no me importó. Seguí disfrutando la cena y observando. 
Al rato, terminó de cenar y se levantó. Se fue. Cuando el Cónsul estaba llegando a la puerta de salida del restaurant, uno de los asistentes a la cena comenzó a pedir un “Plus” para pagar la cena del Cónsul y su séquito.

“Si ustedes quieren ser los chupamedias del Cónsul, séanlo. Él tiene un sueldo como todos y debe pagar su cena como cualquier de hijo de vecino. ¿Ustedes lo invitaron? El que lo invitó que pague. Nadie me avisó: Hoy viene el Cónsul y queremos ofrecerle una cena”, les dije. 
Me quedaron mirando en silencio. Pagué lo que consumí más la propina. No fui el único, un par más me siguieron. Supongo que sus “amigashos” pagaron la cena del Cónsul.

Me molesta que me sorprendan. Me gustan las cosas claras. Muchos ya me conocen, saben cómo soy. Digo las cosas educadamente, pero se los digo, no me quedo callado. Esto no quiere decir que no respete la investidura del Cónsul ni su profesión o su persona. Son las “huevadas” las que me molesta y sobre todo los “Chupamedias”, que dicho de otro modo sería, lo que me molesta y me da urticaria, son “Los mediocres”. 

El mundo es ancho y ajeno. Aún no leí el libro. ¿Qué ideas disparará en mi cabeza? No lo sé. Mis dedos ya están preparados para golpetear el teclado de mi computadora para que la idea no se pierda en la nebulosa del olvido.  
© Miguel Ángel Villegas

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