25 noviembre 2010

TRADICIONES versus MALAS COSTUMBRES

Por Guillermo Ventura

            Octubre, ya pasó, y con él se fue la Procesión del Señor de los Milagros conjuntamente  con todas o gran parte de las tradiciones que conforman las costumbres y la historia del Perú: Los Turrones de Doña Pepa, Los Picarones, Los Anticuchos, La Cachanga, Inka Kola, Las Sahumadoras, La Hermandad del Señor de los Milagros, entre otras.
            Todo ya pasó.
Señor de lo Milagros
            En Buenos Aires, gran parte de la colectividad Peruana celebró esta festividad que en el Perú dura todo el mes de octubre, por ello se conoce a octubre como el “Mes Morado”. El domingo 31 de octubre en Buenos Aires salió la procesión desde la iglesia “La Piedad” ubicada en la esquina de las calle Mitre y Paraná. En aquél lugar se encuentra una copia del original que se guarda celosamente, con cuidado, devoción y fe en la iglesia “Las Nazarenas” en Lima-Perú.
            La procesión recorrió las calles Bartolomé Mitre, Paraná, Corrientes, Talcahuano, Av. De Mayo, Av. Rivadavia, Av. Callao y finalmente Bartolomé Mitre.

            Yo, no asistí.
            Tampoco he asistido en los casi 18 años que vivo en Buenos Aires.
            ¿Por qué?
            Por razones simples: Los Peruanos asistentes, en su gran mayoría sólo asistían para emborracharse, pelearse y los malvivientes para robar. Los ayudaban en su objetivo los vendedores ambulantes que pululaban en los alrededores, que al final dejaban las calles totalmente sucias y borrachos durmiendo en las veredas. Es decir, desvirtuaban la finalidad de la procesión: La Fe.
            Este año me dijeron que fue realizado con mejor organización y cuidado. Los vendedores ambulantes fueron ubicados en un sector determinado, había baños químicos, y una empresa de limpieza fue contratada para dejar las calles limpias después de la finalización del la procesión. Asimismo, me dijeron que la seguridad había sido coordinada conjuntamente con el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, disponiendo personal adecuado para secuestrar la venta de bebidas alcohólicas y mercaderías de vendedores fuera del sector determinado.

            Quizás el próximo año asista.
            Este ostracismo voluntario con la Comunidad Peruana en Buenos Aires, no ha sido un capricho, sino que ha sido para mí, una cuestión de Educación y una cuestión de Respeto hacía el país que nos recibido con todas las facilidades para poder desarrollarnos.

Una Cuestión de Educación
            Los Peruanos que llegaron a la Argentina desde la década del `90 en adelante, en su gran mayoría vinieron, unos huyendo de la pobreza, otros huyendo del terrorismo. Aunque en el caso Peruano podríamos decir que la pobreza se produjo como consecuencia del accionar de los grupos subversivos, principalmente en la zonas más pobres: Ayacucho, Puno, Cuzco, Moquegua, Madre de Dios[1]. Y no es que en los otros lugares no había pobreza, pero esa pobreza era distinta: era pobreza producto de la mediocridad de los Gobernantes de ese momento. El nivel educativo de eso migrantes Peruanos era muy alto comparado con los migrantes de los países vecinos de la argentina, con excepción de Brasil. En su gran mayoría tenían el secundario completo. Era muy raro y aún lo es, que haya peruanos mayores de 40 (que en ese momento teníamos 20 a 25 años) que tuvieran sólo la primaria, en todo caso era para los que en ese momento (la década del ´90) tenían 40 a 50 años y provenían de las provincias del interior del Perú, lo que denominamos Los departamentos de la sierra.
            En las escuelas aprendemos el código ético del Imperio Incaico[2] que reza: AMA SUA (No seas ladrón), AMA LLULLA (No seas  Ocioso), AMA QUELLA (No seas Mentiroso), un código que el Inca lo utilizaba para mantener un Imperio ordenado y productivo. Aprendemos también que a cualquier lugar que vayamos debemos mostrar lo que somos y lo que hemos aprendido. Sin embargo, cuando llegué a Buenos Aires, me llevé una gran desilusión al comprobar que aquellos que debían ser los “Embajadores Naturales del Perú” eran por el contrario el oprobio, la decadencia, lo inservible, lo miserable, lo patético, lo mediocre.
            Se calcula que en el Perú hay mas de 150,000 (Ciento cincuenta mil) muertos por responsabilidad de forma directa e indirecta de los grupos subversivos que azolaron bastas regiones del Perú durante las décadas del ´80 y parte del ´90. Por supuesto que a ello también hay que sumarle la desidia de los gobernantes y las violaciones y muertes ocasionadas por las fuerzas armadas en dichas regiones. En definitiva, el que siempre pierde es el pobre e ignorante. Sin embargo debo recordar que el caso Peruano no debe compararse con lo sucedido en Argentina, Chile, Uruguay y Paraguay. En todo caso, en el Perú –a excepción de Odría- los gobiernos “democráticos” fueron los más violentos, teniendo a Fujimori como el mayor paradigma. Todo esto contribuyó, un poco a la decadencia de la Educación en el Perú.

Una Cuestión de Respeto.
            La educación y el respeto van de la mano, aunque no siempre sucede así. Además, la educación va unida a Instrucción, está última es la que se proporciona en las escuelas. Sin embargo, ninguna de estas cosas puedo decir que aprecié u observé en la gran mayoría de mis compatriotas en Buenos aires. Digo esto, por que durante la década de los ´90 todas las semanas aparecían noticias donde las cuales, muchos de ellos se habían metido a casas que por supuesto no eran de ellos, simplemente habían roto los candado y habían tomado el inmueble por asalto, protegidos por la noche y por “ABOGADOS” que hacían negocio con la pobreza y la necesidad.
            Por supuesto que la pobreza y la necesidad no es pretexto para no respetar la propiedad ajena.
            En la argentina de hoy, para alquilar un inmueble se necesita:
1- Un mes o dos meses de garantía: El cual es en dinero y el valor es el del alquiler.
2- Un mes adelantado: el mes que se vive.
3- Una garantía Propietaria: Es decir, un “Garante” que deberá “GARANTIZAR” con su propiedad que en el caso que inquilino no paga o no quiera entregar el inmueble alquilado sea ejecutada su propiedad. En algunos casos incluso se pide hasta dos “garantes” si el inmueble no esta ubicado en la Ciudad de Buenos Aires. Es decir, si el inmueble con el que se garantiza esta ubicado en las afueras (en sus distritos).
4- Uno o dos meses de comisión para la inmobiliaria.
            Actualmente para alquilar un departamento de dos ambientes se necesita aproximadamente: $. 6000.- (seis mil pesos) más la garantía propietaria. Esto va a variar dependiendo del barrio. Para bajar los valores un poco sólo se podría si alquiláramos a través de un dueño en forma directa sin intermediar con la inmobiliaria.
            En cuanto al Perú, es más simple, por que no te piden “Garantía propietaria”. A ello debemos sumarle que salvo escasas excepciones, a nadie se le ocurriría quedarse en un inmueble una vez vencido su contrato. Es decir, es una cuestión de educación y respeto.
            En muchas oportunidades, en Buenos Aires me han ofrecido casas de ese “estilo” o sumarme a los que lo hacían. Hacerlo sería traicionar mis principios y la forma con la he sido educado. Hacerlo sería como si un día un amigo/a me invita a su casa y al llegar a la puerta, antes de tocar el timbre le lanzara un escupitajo justo en la mirilla. Luego, al ingresar me dirigiera directamente a su cocina, revisara su alacena y una vez sentado a mitad de la charla, me levantara, me bajara los pantalones y me cagara en su alfombra favorita.
            Yo, no lo haría por una cuestión de educación y respeto hacia la persona que me invita y acepta en su casa. Sin embargo, a miles de Peruanos (se calcula que hay en la Argentina unos 700 mil) les importa un “CARAJO” y vienen cagándose en las alfombras favoritas de quienes los han aceptado como a uno más y sin restricciones, salvo las comunes y que son migratorias, legales y obligatorias..

Una Cuestión de Fe.
            Mientras garabateaba estas reflexiones, sin necesidad de llamarlas vinieron a mí, los recuerdos y la fe.

            Octubre de 1980, 81, 82, 83, 84, 85, 86….
            Días previos a que comenzara “El mes morado”, Luchita, mi abuela daba inicio a los preparativos para asistir a las misas en la iglesia de “Las Nazarenas” ubicado en la intersección del jirón Huancavelica y Av. Tacna. Iglesia que fue construida por el Virrey Amat para complacer un capricho de La Perricholi[3],
Plaza de Armas, a pasos de Palacio de Gobierno
            Por aquella época vivíamos en la cuadra tres de jirón Callao, casi esquina Rufino Torrico. A tres cuadras de la Plaza de Armas, el Palacio de Gobierno, La Catedral, La Municipalidad, el edificio del Correo y la Iglesia Santa Rosa de Lima (lugar donde se encuentra la ermita donde se cuenta que vivió y murió la Santa Limeña).
            La iglesia de Las Nazarenas nos quedaba a unas seis cuadras, así que antes de ir al Mercado Modelo (ubicado entre el jirón Cañete y la Av. Emancipación) debíamos pasar obligatoriamente a escuchar misa de ocho. Y no había fundamento que evitara que termináramos sentados y rezando en alguno de los bancos de la iglesia.
            Los días que salía la procesión por las calles Limeñas, solíamos ser arrastrados por el ímpetu de Luchita, mi abuela. Por aquél entonces era un adolescente, así que lo religioso no me entusiasmaba tanto, pero Luchita era demasiado convincente, a tal punto que TODOS salíamos detrás de ella como mansos y obedientes corderitos siguiendo a su pastor.
            Cuando la conocí –tenía yo, casi 4 años- jamás imaginé que esa señora alegre y bonachona, que empapó mis mejillas con besos iba a influir tanto en mi vida. Cuando me fui a vivir con ella, tampoco imaginé que conocería a través de sus conversaciones las historias de mi clan familiar y que en muchos casos son parte de la historia del Perú, historias que no están escritas aún, ni publicado en libro alguno por los diversos historiadores. Conocí también a través de sus historias, la vida.
            En su juventud había sido maestra de escuela rural, quizás por ello siempre estaba enseñándonos. Tenía una gran preocupación, ya en aquél entonces del deterioro de la educación e instrucción en el Perú. Su pasatiempo favorito era preparar sus dulces, cosa que disfrutabámos todos en casa: Arroz con leche, arroz zambito, mazamorra morada entre otros. Ella, era una mujer a quién le encantaba charlar, charlar y charlar.
            A través de ella, supe que había conocido a Víctor Raúl Haya de la Torre y que el líder del APRA (Alianza Popular Revolucionaria Americana, creado en México en 1924) solía llamarla “Mi Niña Mimada”[4]. Ella también había sido revolucionaria. Ella creía en la Revolución a través de la educación y el trabajo, sobre todo de educación, supongo que por ello se hizo maestra de escuela.
            Por aquella época, ya me habían convertido en una especie de OIDOR OFICIAL AUTORIZADO, obligado a recopilar en mi memoria las historias de mi familia a través de lo que ellos me contaban. Sin embargo nadie me hablaba sobre su fe, estaban más preocupados en narrarme otras cuestiones, como si tuvieran miedo de olvidarse de contarme algo.
            Una noche de algún año de la década del ´80, días previos a la primera salida de la procesión del Señor de los Milagros por las calles limeñas, mientras charlábamos luego de la cena, le pregunté como había nacido su devoción al Cristo de Pachacamilla[5].
Hermanas del Señor de los Milagros
Luchita, se quedó en silencio por algunos segundos, como buscando en sus recuerdos. Dio un sorbo a su infusión de yerba luisa y finalmente:

            “Tu tío Luchito (su hijo) debe haber tenido unos cuatro años más o menos –dijo-. Una mañana despertó con fiebre – continuo- lo llevamos al médico, pero no veía ninguna mejora con la medicación que le había recetado, por el contrario comenzó a empeorar. Lo llevamos a otro especialista, luego a otro y a otro. Muchas recetas, muchos tratamientos y nada. Por entonces ya habían comenzado las misas y las procesiones del Señor de los Milagros. No era muy devota de la imagen, pero había asistido en varias oportunidades a las procesiones. No me gustaban mucho por que había una aglomeración terrible de gente.
            Mientras tanto tu tío, seguía empeorando y ya no sabía que hacer ni a donde ir. En medio de la desesperación por no saber a quién más recurrir, y justo ese día salía la procesión. Tomé a mi hijo y me lo lleve a la procesión. Cuando llegué había demasiada gente que no se podía avanzar, así que le dije al señor: “Acá te traigo a mi hijo, haz lo que quieras con él. Si no lo quieres aquí, llévatelo de una vez, sino sánalo, pero no lo hagas sufrir”.
            En medio del gentío los miembros de la “Hermandad del Señor de los Milagros” me vieron con mi hijo en brazos y me hicieron entrar dentro de la soga. Yo rezaba y rezaba. De pronto, una viejecita se me acercó y sin que yo  le preguntará o dijera algo me dijo: “a tu hijo le han hecho daño, hay alguien que te tiene envidia. Lleva tu hijo a tu casa, hace mucho calor aquí y hay demasiada gente. Compra 12 claveles amarillos, colócalo en un florero con agua para que se mantengan frescas. Antes de las 12 de la noche toma los claveles y frota con ellos todo el cuerpecito de tu hijo, luego lleva esas flores a la calle y cuando sean las 12 en punto, ni antes ni después. Uno por uno, arroja cada clavel por sobre tu cabeza hacia tu espalda. Cuando hayas arrojado todos, regresa a tu casa, pero recuerda, no mires para atrás”.
            Cuando llegué a casa con las flores y conté lo que me había sucedido, me dijeron que estaba loca, como podía saber más una vieja que los médicos que lo habían atendido. Sin embargo, aquella noche hice todo exactamente como me había dicho que lo haga la viejecita. Mientras regresaba a casa en medio de la oscuridad de la noche, sentí como si me estuvieran siguiendo, pero yo no hice caso y no me volví para mirar, seguí caminando. Abrí la puerta y una vez que eché llave mi fui a dormir.
            Al día siguiente cuando desperté, mi hijo estaba en su cama despierto y jugando. Me levante, le toqué la frente y no tenía fiebre. Para estar segura le puse el termómetro y comprobé lo que ya sabía. Desde entonces he asistido todos los años a las procesiones del Señor de los Milagros para darle las gracias por salvar a mi hijo”.

            Cuando Luchita, mi abuela, fue envejeciendo y se le fue haciendo difícil asistir sola a las procesiones, me convertí en su acompañante oficial. Para entonces ya era conocida entre los miembros de la Hermandad del Señor de los Milagros, quienes al verla inmediatamente la hacían ingresar dentro de la soga donde suele ir las personas ancianas, los inválidos, las mujeres con hijos pequeños, los cargadores de la imagen y las Sahumadoras. Con ella recorríamos unas 6 a 8 cuadras que podría llevarnos unas 3 a 4 horas, a veces más, dependiendo de si iba por avenidas o calles pequeñas (jirones). Donde siempre demoraban más, era cuando recorrían la calle Conde de Superunda (hoy Jr. Lima), para visitar el Palacio de Gobierno y la Catedral.
            Cuando nos mudamos a la primera cuadra del jirón Cervantes en el distrito de Jesús María, cerca del Club Puno, El Club del Ministerio de Transporte y Comunicaciones. Cerca de la iglesia María Auxiliadora, el Colegio Salesiano, el Hospital del Niño, el Colegio Nuestra Señora de Guadalupe, La Plaza Bolognesi y el Campo de Marte, acompañábamos la procesión desde la Av. Alfonso Ugarte (La Imagen venía de visitar el Hospital Loayza), hasta la intersección de Av. España y Av. Wilson. El Cristo de Pachacamilla seguía su rumbo camino al barrio La Victoria donde pernoctaba en una de sus iglesias.

Con velo de Tejido Crochet
            Ella, se fue un mes que ya no recuerdo o que no quiero recordar, de un año que tampoco recuerdo o que tampoco quiero recordar. Prefiero recordarla sonriente con su velo blanco de tejido crochet cubriendo sus cabellos entrecanos, preparándose para asistir a otra procesión más, mientras los demás, “Sus Corderitos”, esperábamos la orden para marchar.

El próximo año quizás asista por primera vez a la “Procesión del Señor de los Milagros” en Buenos Aires, buscando tal vez, la misma FE que ella tenía.
Aunque quizás asista con la esperanza de encontrármela dentro de la soga rezando su rosario y ella quizás me vea y quizás también me diga como solía hacerlo.
— ¡Que anda haciendo el Señorito!.
Y yo, como siempre también sólo atinaré a sonreírle.



[1] Estas ciudades viven casi exclusivamente del turismo que produce Machupicchu.
[2] Sin perjuicio que Yo, soy crítico del Imperio Incaico, toda vez que han habitado el territorio Peruano culturas más evolucionadas y mejor estructuradas que por falta de estudios no se sabe bien de ellas. Ejemplo: Mochica, Moche, Viru, Pachacamac, Nazca, Chavín, Paracas, Tiahuanaco, Chancas entre otras. Esto no quiere decir que Los Incas no hayan aportado nada, pero, al menos yo, siempre digo que No soy descendiente de los Incas, en todo caso soy descendiente de Los Chancas, un pueblo que vivió en la zona central del Perú y que al igual que Los Incas eran guerreros. Considerando que Los Incas ya estaban en decadencia, creo yo, que si los españoles se demoraban un par de décadas, hoy a los peruanos nos llamarían “Los Chancas”. No está demás saber que el Perú es uno de los países más multiculturales de América, conjuntamente con México. 
[3] LA PERRICHOLI: Su nombre real era María Micaela Villegas y Hurtado. Fue una de las mujeres más célebres e influyentes del siglo XVIII en América. Ella es el antecedente de las grandes divas del espectáculo. Era de profesión ACTRIZ, pero tuvo la osadía de tener ( no ser) como amante a uno de los amantes del Virrey del Perú. Mi Clan Familiar desciende de ella.
[4] Cosa que comprobé cuando comencé a asistir a “La Casa del Pueblo” como se lo conoce al local partidario. Lo comprobé a través de los otros, sus correligionarios. Conocí a personajes importantes del partido y aunque finalmente no seguí su ideología, jamás me lo reclamo, supongo que entendía que el Perú estaba cambiando o que Yo estaba creciendo y creciendo libre.
[5] CRISTO DE PACHACAMILLA. Al Señor de los Milagros también se lo nombra con ese nombre, por que el lugar donde está pintado la imagen (Una pared de adobe) se encuentra en el lugar que se conocía como Pachacamilla, un lugar donde había barracas y donde Vivian los negros esclavos.

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