04 junio 2014

MALAS COSTUMBRES

Feria Colectividades - Pque. Patricios.
Cuando tres semanas atrás, se me ocurrió ir al Mc Donalds que está en Carrefour de  av. La plata, nunca imaginé que cierta costumbre (o cierta mala costumbre) era demasiado contagiosa.  Por no decir, las Mediocridades son extremadamente contagiosas.  Ese domingo nos habíamos levantado más “vagos” que otros días. Almorzamos tarde y marchamos casi cuando el sol comenzaba a ocultarse. La idea era tomarnos un café exprés o un café con leche acompañado de un tostado de jamón y queso, algo que solemos hacer cada vez que la tarde-noche nos sorprende en la calle. La queja vino de mi acompañante.

— ¡No está tostado! ¡El café con leche esta frio!
Saqué mi tostado de su envoltorio y le dí un mordisco. Un sabor raro invadió mi paladar. Por algunos segundos pensé que a mi tostado le habían untado con un poco de mostaza. Era incomible, además, no me gusta la mostaza (sea la marca que fuere). Al tostado lo revisé de arriba abajo tratando de encontrar de donde provenía esa raro sabor, segundos después me dí  con la sorpresa que no había queso, al menos a simple vista.
Mi acompañante, ya estaba de todos los colores y echaba tanto “humo” que parecía uno de los viejos “Cocharcas José-Leal”. Me levanté y llevé todo al mostrador. Pedí que calienten mi café con leche y que tuesten bien mi tostado. 
— ¿Dónde estaba el queso?—, pregunté.
 Ahí llegó la segunda sorpresa.
— Ya no usamos queso de “maquina”, sino, queso untable—, me respondió la jovencita que atendía el mostrador.
— ¡Es incomible- le expresé.
Nos trajeron nuevos café con leche y nuevos tostados.  Justo cuando llegué a la mesa, llegó la tercera sorpresa. El tostado tampoco estaba tostado y el queso estaba encima del jamón como si fuera un escupitajo amarillento. 
¿Tendrán noción del significado “tostado”?, me pregunte a mi mismo. A duras penas le dimos un par de mordiscos y el resto quedó ahí abandonado a su suerte en la mesa. Mientras marchábamos de regreso a casa, recordaba que hace 20 años atrás ir a Mc Donalds era toda una experiencia: Lechugas bien cortaditas y frescas, panes bien tostados y la atención, impecable. Hoy, da la sensación que los empleados del lugar creyeran que nos hacen un favor por atendernos.  Muchos clientes creo que ya se dieron por vencidos y no reclaman, cuando correspondería hacerlo pues por dicha atención nos están cobrando una suma de dinero. 
No espero una atención de reyes, pero, bien cabe la frase: “Todo tiempo pasado fue mejor”

FESTILINDO.

El 25 de mayo de 1810 se producía el cabildo abierto, con miras a lograr una cierta independencia en la parte sur del continente americano. Al respecto hay distintas formas de mirar aquellos acontecimientos, algunos historiadores expresan que dicho cabildo se realizó con la finalidad de enviar un representante del Virreynato del Rio de la Plata a las Asambleas de las Cortes de Cádiz, otros, por el contrario opinan que fue el inicio de la Independencia de la Argentina.
No es mi intención, al menos hoy, escribir un texto sobre el Cabildo Abierto de 1810, tampoco de hacer un análisis del Tedeum a cargo del Arzobispo de Buenos Aires, Mario Poli y menos analizar las palabras de la Señora Presidenta de Todos los Argentinos y de Todos aquellos que vivimos en este país, en la Catedral de Buenos Aires.
Tampoco es mi intención, reprochar que haya visto muy pocas escarapelas en mi recorrido por la Ciudad de Buenos Aires, aquél 25 de mayo de 2014.

Temprano por la mañana, en casa habían planificado que cocinarían un “Plato Filipino” a base de fideos de arroz.  ¿Y el Locro?, le pregunté a mi Reyna Consorte (Por si no saben, mi linaje es de alcurnia. Digo esto, así parezco más interesante y terminan de leer el texto). No fui inquisitivo por que sabía que saldría perdiendo, así que,  a mi “querida Argenta” la dejé cocinar tranquila y me puse a hacer mis cosas. 
Cerca de las 14 horas, marchamos al parque Patricios. Desde el barrio de Boedo, nos queda a medio paso. Llegamos en un santiamén. Recorrimos todos los puestos de las colectividades, una por una. Donde estuvimos más tiempo, fue en aquellos “Puestos” llenos de manjares dulces.  ¡Queríamos postre!
— ¡No debimos haber almorzado!—, dijo mi Argenta.
— ¡Te dije, vamos sin almorzar. En la feria seguro habrá algo para comer. Si no, comemos un Pancho!—, le acoté.
Nos llevó varias horas visitar cada uno de los “Puestos”.  Mi Argenta compró Queso, algún que otro pan casero, dulce de batata y alfajores. 
— ¡No veo ningún puesto de Perú!—, me dijo.
— ¿Porqué tanto interés en Perú?—. Le pregunté.
Se sonrió.
— ¡Para ver si venden picarones!—, me respondió.
Cuando llegarnos al puesto de Perú, pidió un plato de picarones y como ya había comprado sus alfajores, no compró ningún otro dulce, pese a que todos los que ofrecían estaban muy apetecibles. En medio de una humareda preparaban “Anticuchos”, pero cuando le dije que se preparaba con Corazón de Vaca no quiso probar.

Marcha  de otras Colectividades
Respecto de los peruanos había dos puestos. En el primero estaba AGAPERU, todos estaban con uniforme, el que cobraba no servía los platos y la atención era muy buena. Con gran satisfacción comimos nuestros “Picarones”. Muy distinto era el que estaba ocupado por el restaurant “Sabor Norteño”, donde el plato principal era el Ceviche, que estaba en una fuente grande que no estaba cubierta con nada. En lugar de preocuparse de que se vea la publicidad de su restaurant debió haberse preocupado por el uniforme y la atención. Bueno, también tenía otras deficiencias que me avergüenza contarlas.

Fiel a mi estilo, me acerqué a los de Agaperú y los felicité por como estaban presentándose en esa feria y les pedí que por favor, le dijeran a “Sabor Norteño” que su presentación dejaba que desear y que debía recordar que en ese lugar donde había puestos representando a distintos países, no representaba a su negocio, sino que lo hacía como embajador de la gastronomía y la cultura peruana. El hombre con el que hablé me dijo, “Se lo dijimos y estaría bueno que usted también se lo diga, para que no piense que somos nosotros los exigentes”. Aquél día no tuve oportunidad de decírselo, pero seguro habrá una oportunidad donde se lo diga.
Marcha Representantes Peruanos
Bueno, ciertos peruanos no fueron los únicos. En el puesto de la Republica Vasca, el que atendía estaba de mal humor, “Por que no se quedó en su casa”, dijo mi Argenta. Otro caso, fue el de los Haitíanos, donde sus licuados tenían casi medio kilo de azúcar, dos trocitos insignificantes de las frutas que ofrecían como jugos exóticos, una absoluta desorganización y suciedad. En general, en ese tipo de ferias el visitante va con las ganas de probar algo regional o natural de ese país y no un “pancho” como era lo que vendían en algunos puestos o frutos secos como hacían en otros. Eso lo conseguimos en cualquier negocio de frutos secos, en Pompeya o en Liniers. En fin, las mediocridades están en todos lados.

Lo que también llamó mi atención, fue el momento de la “Marcha de las Colectividades” por el centro de la Avenida. Hubo algunas muy coloridas, otras deprimentes, como fue especialmente la del Perú, que gracias a “Matices del Perú” tuvimos representación, de lo contrario hubiera quedado vacío. ¿Quién recibe las invitaciones para este tipo de actividades? ¿Bajo que premisas se otorgan los puestos o se designa a quienes nos representarán en dichas ferias? ¿También se acuerdan entre gallos y medianoche con los “amiguitos”, sea del Consulado General de Perú en Buenos Aires  o de los encargados de organizar? ¿Quiénes son los Promotores Culturales que colaboran o que trabajan (con sueldo) para que sea  la muestra, lo mejor del Perú? Hasta ahora, luego de mi Ostracismo Voluntario, observo en la Colectividad Peruana en Buenos Aires más Mediocridades, que Excelencias. 

CONCURRANDO.

(Curro: (Lunfardo) En Argentina, curro es un trabajo menor, un rebusque, o a veces puede significar engañar, también puede sonar como una simulación laboral.  En España, curro es trabajo, incluso lo dicen con orgullo, cuando dicen "yo me lo he currado", que en Argentina sería, “ lo he estafado”).

No hubo Picarones
El domingo 01 de junio de 2014, mi Argenta me preguntó “¿A dónde vamos?”. Le comenté que de casualidad había visto en internet una especie de Concurso de una danza tradicional del Perú (Huaylarsh), que además iban a haber platos típicos. “¿Habrá Picarones?”, me volvió a preguntar. Con un gesto le hice saber que no sabía, pero que podíamos darnos una vuelta y si no nos gustaba podíamos irnos a la  zona del obelisco a pasear y de ahí a tomar algo. Aceptó la propuesta y cerca de las 11:40 partimos. La línea 115 nos dejo sobre la Av. Corrientes, casi esquina Av. Callao. Cuando llegamos al lugar del concurso (Tucumán al 1700), el lugar era un local oscuro de dos ambientes, uno pequeño adelante y otro más grande al fondo. Mi Argenta, hizo un gesto como diciendo, “¿A dónde carajo me trajiste? La convencí y entramos. Estaba casi vacío. Decidimos esperar deseando que con los minutos se pusiera más interesante. Ya de entrada, tuve un intercambio de palabras con las que estaban en la puerta. La entrada costaba diez pesos. Como teníamos la esperanza de almorzar algún plato peruano, sólo habíamos desayunado en casa. Le pregunté a una de las organizadoras cuando llegarían los potajes, a lo cual me respondieron que pronto llegarían.

Cuando finalmente llegaron los platos típicos, me acerqué para ver que habían preparado. Había Arroz con pollo, papa a la huancaína, pachamanca a la olla y algunas tortas y otros dulces. Bueno, los que atendían muy informales. En algún momento pensé, “Por que no le mandan un telegrama a su cara para que sonrían por que están con cara de culo”. Mi acompañante coincidió con mi idea, cuando se lo comenté. La señora que cobraba de rato en rato mostraba algún tímido atisbo de algo que podría llamarse “sonrisa light”. Pedimos para probar un “Arroz con pollo mixto”, es decir que el arroz con pollo venía acompañado con “Papa a la Huancaína”. El arroz muy rico y por primera vez a mi Argenta le gusto el sabor, pues el Cilantro sólo acompañaba con un  ligero aroma y no como en otra oportunidad  (en una restaurant peruano en Boedo, que cerró hace unos años) el aroma del cilantro era profundo y mataba todos los demás sabores. Él único inconveniente que encontró mi argenta (que comparto su opinión), era que al pollo le faltaba un poco más de cocción. Las tortas estaban ricas. 

Casi se parecía a la Imagen de muestra
La primera desilusión llegó cuando finalmente pude descifrar  los afiches. No era un concurso de grupos de danzas, sino uno de aficionados. Aún así decidimos quedarnos, pues teníamos la esperanza que con los minutos todo se vaya volviendo más divertido. Nunca debí haber tenido esa esperanza, pues los organizadores se encargaron de borrarla de  mi mente. Ya no recuerdo si mi reloj marcaba las 14 horas o las 15 horas, cuando a unos “sujetos” llegaron con una parrilla y lo dejaron justo en la puerta de entrada. Pero, lo peor vino después: Lo encendieron.
— ¿No sientes un olor a velas?—, preguntó mi argenta.

En medio del gentío que ya había llenado el escaso espacio de ese pequeño local cerrado, traté de ver de dónde provenía dicho aroma, cuando de pronto descubrí que desde la puerta de entrada comenzaba a subir una humareda que poco a poco fue llenando el lugar. 
—No es vela, es combustible que le echaron al carbón para encenderlo más rápido—, le respondí. —, ¿quién habrá sido el bruto que encendió esa parrilla justo en la única puerta de entrada, por el único lugar por donde ingresa el aire?— continué hablando. 

Jamón Ahumado
Como era de esperarse, en pocos minutos todo el local se llenó de humo e impregnado el ambiente con el aroma a combustible y a carbón encendiendo. Mi cerebro ya no escuchaba ni las invitaciones para que los aficionados se inscribieran al concurso que hacía el organizador desde el fondo del local, al que se sumaba que con el exceso de ruido de los parlantes ya no escuchaba ni lo que me decía mi Argenta y mis cuerdas vocales y mis lacrimales sentían el efecto del abundante humo en el aire en aquél local de Tucumán al 1700.
Tampoco recuerdo la hora que con mi Argenta decidimos partir de aquél lugar de tortura. Desilusionado, cansado de esperar el bendito “Concurso” y encima pasado por humo, por algunos segundo pensé, “Cómo aún me falta bajar unos kilitos, ¿me habrán querido pasar por humo para convertirme en Jamón ahumado?”. Bueno en todo caso con todos los gorditos que había, ¿los habrán querido convertir en jamones ahumados?  Pensándolo bien, pagué diez pesos de entrada para ser “Ahumado”.

Cuando por fin salimos a la calle, marchamos al obelisco y terminamos en un “Mac Donalds”, pedimos un café con leche. Esta vez no quisimos comprobar si los tostados estaban bien  preparados, directamente no los pedimos, en su lugar pedimos dos medialunas.

Mientras sorbía mi café con leche, pensaba que hay ciertos “Operadores” que se hacen llamar “Promotores Culturales” pero que de Cultura no entienden un pomo, eso sí, viven de los incautos y de esa “Cultura de la mediocridad” que promocionan. No tienen la menor intención de buscar y ayudar a que sus conciudadanos se mejoren (superen) sino que por el contrario, bajo la premisa de “Nuestras costumbres” ayudan a mantener un modo de vida del “sigamos como hasta ahora, no evolucionemos, que así somos felices”. Estos falsos promotores culturales sólo usan a la Cultura como una mercancía y al ciudadano como ovejas prestas a marchar al matadero. El domingo 01 de junio del 2014 la Cultura fue asesinada una vez más por promotores culturales mediocres. 

Cuando observo esta realidad mediocre, confirmo una vez más lo que expresa mi querida amiga, la Lic. Nora Méndez (Socióloga) cuando dice: “Los mediocres como no tienen nada que perder, no tienen escrúpulos en hacer lo que hacen. En formar camarillas de mediocres y hasta de burocratizarse”.
Hace unos días atrás en una entrevista en Roma, el Juez Ariel Lijo cuando le comentaba al Papa, que en los tiempos que corren, los jueces en Argentina  “tienen que ser prudentes”, a lo que Francisco (Jorge Bergoglio) le retrucó: “Esta bien ser prudentes. Pero si la prudencia se convierte en inacción, eso es Cobardía”

En ese orden de ideas, mientras hay mediocres, seguiré escribiendo para desenmascarar a estos falsos promotores culturales, a esos falsos líderes que sólo miran sus propios bolsillos, pero sobre todo luchan y trabajan  para no perder sus escasos espacios de poder. ¡Sus días están contados!

Por Miguel Ángel Villegas G.
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No estamos tan mal. Pero, podríamos estar mejor, sí quisiéramos.
(Proverbio propio)

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